En septiembre inauguramos las sesiones de preguntas y respuestas entre los suscriptores del Club del Libro SP y autores importantes de la escena literaria internacional. En esta ocasión tocó el turno al gran historiador cultural americano Morris Berman. Esperamos que este ejercicio les entusiasme tanto como a nosotros. Esperen pronto la convocatoria para enviar las preguntas de la próxima sesión.
Atentamente,
Club del Libro SP
1- De Martí Gil.
Mis amigos piensan que soy un hippie trasnochado porque me niego a someterme al mandato actual de buscar dinero, poder, trabajar todo el día, etc., e incluso se burlan de mí por algunos de mis hábitos personales, como no usar desodorante o bañarme con regularidad. Me gustaría que el movimiento hippie siguiera con vida. Quería preguntarle ¿qué salió mal y por qué no duró? ¿Eran sus ideales una amenaza tal para la cultura que había que ridiculizarlos tanto? ¿Cree que algunos de esos valores estén vivos en su país?
Querido Martí:
Bueno, bañarse de vez en cuando probablemente sea una buena idea, a menos de que no quieras tener ningún amigo. Y ni hablar de las novias. El movimiento hippie fracasó por varias razones, en particular que no tenía ningun programa político real (después de todo, ¿qué es el «flower power»?). Adicionalmente, dado que el dinero, el poder y la adicción al trabajo constituyen la conciencia dominante en Estados Unidos, es bastante fácil que los que se oponen sean absorbidos por ella (como lo dijo Thomas Frank, «traduce tu inconformidad en bienes»). En inglés esto se conoce como “co-optation” [cooptación]. La verdad es que muy pocos norteamericanos pueden ver más allá del dinero como valor. Esto no significa que no debas de realizar ningún trabajo significativo, tener un empleo remunerado, etc.; al final del día, tienes que pagar tu renta. La pregunta crucial es «¿Quién lleva la voz cantante?», ¿tú o el dinero? Si el dinero es una herramienta, todo bien; si es una ideología que rige tu vida, es un poco patético (al menos desde mi punto de vista). Pero los norteamericanos, y muchísimos mexicanos (ya que Estados Unidos es −por desgracia− el «modelo» de hacia dónde debe de ir México), no pueden ver más allá de la faramalla de la cultura norteamericana, así que cualquiera que tenga tus valores será marginado por la sociedad. (Acostúmbrate amigo). Mi frase favorita sobre este tema es de Robert Graves (poeta británico, muerto hace mucho): «No hay dinero en la poesía, pero tampoco hay poesía en el dinero».
2- De Ethiel Cervera.
Me emocioné mucho por la victoria de Barack Obama, e incluso me emborraché durante tres días con mis amigos para festejar. Ahora, a pesar de sus buenas intenciones, todo parece seguir igual. Rescató a las empresas de Wall Street que ocasionaron la crisis, la guerra parece transcurrir igual. ¿Usted cree que ha pasado poco tiempo y no ha tenido oportunidad para hacer algo, o más bien su discurso y sus acciones serán distintos a lo largo de su presidencia? Muchas gracias por responder a mi pregunta.
Querido Ethiel,
Te recomiendo un artículo del New Yorker, publicado en 2007, titulado «El conciliador». Es un perfil de Obama, muy positivo, pero deja claro que es un conservador tradicional, en el molde de Edmund Burke: la sociedad es orgánica, poco se puede hacer para cambiarla, y lo único que se puede hacer es manejarla lo mejor posible. Siempre ha sido eso y lo sigue siendo. Despúes de todo, prometió escalar la guerra en Afganistán. En cuanto a la economía, ciertamente pudo haber electo a gente como Paul Krugman o Joseph Stiglitz (ambos ganadores del Nobel) como asesores, pero en su lugar eligió a Lawrence Summers (que literalmente obtiene beneficios de las corporaciones que está ayudando a rescatar) y a Timothy Geithner, ambos de corte neoliberal, ¡muy comprometidos con las políticas que ocasionaron el colapso de octubre pasado en primer lugar! Nada de esto es un accidente. Obama es básicamente Bush con un rostro humano, y su papel histórico −como lo he dicho en repetidas ocasiones (Francis Fukuyama recién afirmó lo mismo)− es el de presidir el declive de Estados Unidos. En resumen, es un director de funeral, nada más, y de hecho se siente muy a gusto en ese papel.
3- De Ana Maurer.
¿Crees que George W. Bush sea el peor presidente en la historia de los Estados Unidos? ¿Por qué lo reeligieron? ¿Es alguna especie de masoquismo por parte del pueblo norteamericano?
Querida Ana:
No sé si George W. Bush sea el peor, pero estoy seguro de que es el más idiota. Y este rasgo refleja a un importante porcentaje del pueblo norteamericano, que a decir verdad no es muy brillante. ¿Sabías que 46% de la población piensa que la Tierra tiene menos de 10,000 años? No estoy bromeando; y esto incluye al candidato a vicepresidente republicano en la última elección. En realidad no es que sea masoquismo; más bien es un lavado de cerebro (toma en cuenta que mucha gente inteligente votó por George en 2000 y 2004). Sobre este tema, te recomiendo consultar un artículo que escribí para la revista Parteaguas, el número de primavera 2009 (publicada en Aguascalientes), titulado «conspiración vs. Conspiración en la historia de los Estados Unidos». Puede otorgarte una perspectiva más amplia sobre por qué da la impresión de que mis compatriotas padecen de daño cerebral.
4- De Manuel Padilla.
Sr. Berman, yo viví como inmigrante ilegal en Londres durante muchos años; en una época incluso tuve que vender macetas artesanales en la calle para poder sobrevivir, pero por fin legalicé mi condición migratoria. Como marginado en una cultura muy cerrada, puedo comprender lo que mis compatriotas sufren en Estados Unidos. Mi pregunta es ¿por qué Estados Unidos alienta a los trabajadores mexicanos a realizar las labores que los norteamericanos no quieren, pero al mismo tiempo ningún presidente se compromete a una reforma migratoria que mejoraría las condiciones de vida de los mexicanos que viven en los Estados Unidos? ¿Ve alguna esperanza para el futuro?
Querido Manuel:
En California, Nevada, Nuevo México, Arizona y Texas existe una «economía sombra», de tal manera que si Estados Unidos deseara seriamente acabar con la inmigración ilegal, esos cinco estados literalmente se colapsarían. Todos los políticos lo saben. Sin embargo, existe un gran resentimiento popular hacia los mexicanos en Estados Unidos, los turcos en Alemania, y las poblaciones minoritarias en todo el mundo, porque da la impresión de que «roban» los trabajos a los ciudadanos ordinarios (que, irónicamente, de todas formas no quieren esos empleos). En épocas de escasez de recursos, estas minorías son convertidas en chivos expiatorios, y si el gobierno no monta un espectáculo de «ponerse estricto con los inmigrantes ilegales» posiblemente no será reelecto. En breve, todo es parte de un montaje.
5- De Alicia Speare.
Soy una mexicana que vive con un hombre de color, y a pesar de que pienso que México no es un país racista, de todas maneras siento que la gente nos mira raro en la calle. ¿Usted cree que en Estados Unidos el racismo sigue existiendo, a pesar de todo lo que se dice sobre igualdad de oportunidades y todo eso? Muchas gracias.
Querida Alicia:
Para ser honesto, creo que necesitamos hablar sobre el racismo mexicano, porque existe y se remonta al siglo 16, desde Cortés y la Malinche y todo lo que siguió. El color de piel es un factor importante en México en términos de estatus socioeconómico, aunque a los mexicanos no les agrada hablar del tema. Pero pregúntate quién ocupa las posiciones de poder en el país, y quién barre las calles. 60 millones de mexicanos viven en o por debajo de la línea de pobreza, y un porcentaje importante son indígenas. No se necesita ser sociólogo profesional para darse cuenta de lo que ocurre.
Gracias a todos por enviar sus preguntas.